Una Ballena Rellena de Plástico

La contaminación medioambiental es una guerra que estamos perdiendo. Ese parece ser el grito que quieren lanzar al mundo los creadores de una curiosa escultura de plástico con forma de ballena que apareció varada hace unos meses en la Bahía de Manila (Filipinas)

Pese a tratarse de una afirmación que no nos resulta novedosa, la visión de la réplica del animal, con su boca llena de desperdicios plásticos, es sin duda de una bofetada de realidad capaz de despertar conciencias.

Ese era precisamente el objetivo de Greenpeace Filipinas, la organización que hay detrás de esta manifestación artística tan inusual como impactante.

Con el nombre de “Ballena Muerta”, crearon una réplica de una ballena varada a tamaño real tras tener noticias de la aparición de un cachalote que había aparecido en similares circunstancias en la Isla de Samal un par de años antes.

El cachalote albergaba en su estómago todo un arsenal de desperdicios que le provocaron la imposibilidad de alimentarse normalmente y lo llevaron a la muerte: desde plásticos hasta anzuelos, pasando por redes de pesca, cuerdas y cable metálico.

Una campaña que se ha hecho viral

La viralidad de esta campaña no ha venido impulsada por la propia organización Greenpeace, sino que se desarrolló de forma totalmente orgánica y natural.

El mensaje visual era tan potente y su nivel de realismo tan elevado que bastó con que unas pocas personas subiesen la imagen a las redes para que se compartiese a nivel global en cuestión de minutos.

Eso sí, el objetivo estaba cuidadosamente pensado desde su concepción en la mente del artista, que quería crear exactamente ese impacto y no escatimó esfuerzos en crear la imagen más truculenta posible.

Para ello, en lugar de simplemente crear una escultura con plástico, se buscó un nivel de realismo que pudiese empujar a la duda. Su forma, color, textura, y tamaño se ajustaron a las de las ballenas varadas reales, e incluso se optó presentarla en descomposición para aumentar la sorpresa y el impacto.

La idea no pudo funcionar mejor, porque esos primeros minutos en los que el público no podía dilucidar si se trataba de una ballena real o de una recreación fueron decisivos para que la imagen se expandiese por las redes a toda velocidad.

Además, una vez conocida la realidad detrás de la foto, el concepto suponía un importante toque de atención, ya que buscaba criticar la contaminación de los mares por los desperdicios plásticos y su impacto sobre la fauna marina representando una víctima de la misma a través de una escultura hecha con dicho material.

El problema de los plásticos

La visibilización del problema viene de la mano de las soluciones que Greenpeace propone, entre ellas el uso de contenedores biodegradables alternativos (como cáñamo o vidrio), y la participación ciudadana en proyectos locales de limpieza.

Las cifras son verdaderamente alarmantes. Cada año son arrojadas al mar ocho millones de toneladas de plástico, y esta cifra está previsto que se duplique para 2030.

Para el año 2050, según las proyecciones, ya se habría cuadruplicado y la cantidad de plástico en los océanos superaría a la de peces. Algo verdaderamente aterrador si tenemos en cuenta que para esa fecha sólo restan 30 años, por lo que esa previsión está, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Pero no hay que esperar a que llegue una situación límite como esa. Los efectos de los plásticos ya tienen hoy en día graves efecto sobre la vida de los animales marinos y aunque no hay cifras de cuantas muertes pueden producirse anualmente por este motivo nadie discute que se trata de un problema realmente preocupante.

Otra cosa es que los gobiernos estén haciendo algo para solucionarlo. Greenpeace piensa que esto no es así, y aprovechó el impacto mediático de la campaña para hacer un llamamiento a que tomen medidas.

A falta de que esto se produzca, sólo nos queda la iniciativa de organizaciones concienciadas por el problema medioambiental y la actitud que cada uno de nosotros tome al respecto.

Las manifestaciones artísticas o las campañas virales deben servir al menos para que cada persona ponga su granito de arena en la resolución del problema, bien sea reduciendo al mínimo posible el uso de plásticos y sustituyéndolos cuando sea posible por otros materiales, o bien asegurándonos de que nos deshacemos de este material del modo más adecuado posible.

De no ser así es muy probable que la próxima vez que consultando tus redes sociales te encuentres con la imagen de una ballena varada con su interior repleto de plásticos no se trate de una campaña de concienciación, sino de una terrible realidad que ha acabado con la vida de un animal inocente.

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